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    Análisis de la producción de sorgo en México durante 2023-2025

    La producción mexicana de sorgo atravesó entre 2023 y 2025 una fase de contracción sostenida. El volumen nacional pasó de 4.82 millones de toneladas en 2023 a 4.53 millones en 2024 y 4.07 millones en 2025, una reducción acumulada de 15.6%. La caída no puede explicarse únicamente por una disminución de la superficie: las hectáreas cosechadas bajaron 7.2%, pero el rendimiento promedio nacional también retrocedió de 3.65 a 3.32 toneladas por hectárea. En términos aproximados, 46% de la pérdida de producción entre 2023 y 2025 se relaciona con la menor superficie cosechada y 54% con el deterioro del rendimiento. El resultado es un sector que termina 2025 produciendo menos, sobre una base territorial más pequeña y con menor productividad media.

    La geografía productiva, sin embargo, permanece muy concentrada. Tamaulipas aporta 47.0% del sorgo nacional en 2025 y, junto con Guanajuato y Michoacán, concentra 74.5% del volumen. Esta estructura combina dos modelos contrastantes: Tamaulipas domina por escala, con 1.91 millones de toneladas y más de 773 mil hectáreas cosechadas, mientras Guanajuato produce 836 mil toneladas en apenas 127 mil hectáreas gracias a un rendimiento de 6.60 toneladas por hectárea. En paralelo, el valor nacional de la producción cae de 26.04 mil millones de pesos en 2023 a 16.60 mil millones en 2025, afectado tanto por la reducción del volumen como por un precio promedio implícito que desciende de 5,408 a 4,082 pesos por tonelada. La principal lectura del periodo es, por tanto, una combinación de menor escala económica, presión sobre productividad y una concentración territorial que vuelve decisivo lo que ocurra en unas cuantas regiones.

    Evolución de la producción nacional

    El deterioro productivo fue continuo, aunque con distinta intensidad. En 2024 la producción disminuyó 6.0% respecto de 2023, al pasar de 4.82 a 4.53 millones de toneladas. En 2025 la caída se aceleró hasta 10.1%, llevando el volumen a 4.07 millones. En dos años se perdieron cerca de 749 mil toneladas. La superficie sembrada pasó de 1.36 millones de hectáreas a 1.24 millones, mientras la cosechada retrocedió de 1.32 a 1.23 millones. Esta diferencia muestra que el ajuste fue principalmente estructural en el tamaño de la actividad, no una consecuencia de superficies sembradas que posteriormente dejaran de cosecharse.

    La productividad también se debilitó. El rendimiento promedio nacional descendió 3.6% en 2024 y otro 5.6% en 2025. Este segundo componente es especialmente relevante porque impide que la producción se sostenga aun cuando la proporción de superficie efectivamente cosechada mejora. De hecho, el porcentaje de superficie cosechada respecto de la sembrada sube de 97.1% en 2023 a 99.1% en 2025. El problema, por tanto, no es una creciente pérdida física de hectáreas entre siembra y cosecha, sino que una superficie menor termina generando menos toneladas por hectárea.

    Distribución geográfica de la producción

    Tamaulipas mantiene un liderazgo abrumador durante todo el periodo: produce 2.23 millones de toneladas en 2023, 2.10 millones en 2024 y 1.91 millones en 2025. Su participación permanece prácticamente estable alrededor de 46% a 47%, lo que significa que la caída estatal ocurre al mismo tiempo que la del país. Entre 2023 y 2025 pierde 320 mil toneladas, equivalentes a 42.8% de toda la contracción nacional. El segundo gran factor es Sinaloa, cuya producción cae de 296 mil a 83 mil toneladas, una reducción de 72.0% que explica otro 28.5% de la pérdida nacional. Entre ambos estados concentran más de 71% del descenso observado en el país.

    Guanajuato continúa como segundo productor, con una participación que aumenta de 19.2% a 20.6% a pesar de que su volumen baja 9.4%, hasta 836 mil toneladas. Michoacán se mantiene tercero y pasa de 314 mil a 283 mil toneladas. Nayarit conserva el cuarto lugar en 2025 con 212 mil toneladas, mientras Jalisco destaca como la principal excepción positiva entre los grandes productores: aumenta de 133 mil toneladas en 2023 a 161 mil en 2025, un crecimiento de 20.5%, aunque después de haber alcanzado 238 mil en 2024. Puebla también avanza 7.8% en el periodo. En contraste, además de Sinaloa, sobresalen las pérdidas de Campeche, Oaxaca y Nuevo León.

    La concentración se intensifica ligeramente. Los tres principales estados aportaban 72.1% de la producción en 2023 y llegan a 74.5% en 2025; los cinco primeros representan 83.7%. Esto reduce el peso relativo de buena parte del territorio y hace que la competitividad nacional dependa en gran medida del desempeño de Tamaulipas y Guanajuato.

    Comportamiento de los ciclos agrícolas

    Otoño-Invierno es el ciclo de mayor volumen, pero también el que explica buena parte del retroceso nacional. Su producción cae de 2.78 millones de toneladas en 2023 a 2.14 millones en 2025, una reducción de 23.0%. Su participación baja de 57.7% a 52.6%. La superficie sembrada disminuye 11.6%, mientras el rendimiento cae de 3.08 a 2.70 toneladas por hectárea. El ajuste, por tanto, combina menos hectáreas con menor productividad.

    Primavera-Verano muestra mayor resistencia. Produce 2.04 millones de toneladas en 2023, 2.02 millones en 2024 y 1.93 millones en 2025, una reducción acumulada de sólo 5.4%. Su participación en el total nacional avanza hasta 47.4%. Además, después de que la superficie sembrada cae en 2024, vuelve a crecer en 2025 hasta 434 mil hectáreas. Sin embargo, ese repunte territorial no se traduce en recuperación productiva porque el rendimiento disminuye de 4.94 toneladas por hectárea en 2024 a 4.47 en 2025.

    El contraste regional explica buena parte de esta estructura. En 2025, 87% de la producción de Tamaulipas corresponde a Otoño-Invierno, mientras Guanajuato produce exclusivamente en Primavera-Verano. Esto vincula el desempeño de los dos mayores estados con ciclos productivos claramente distintos.

    Diferencias entre riego y temporal

    La brecha de productividad entre riego y temporal es uno de los rasgos más consistentes del sorgo mexicano. En 2025 el riego genera 1.65 millones de toneladas sobre 325 mil hectáreas cosechadas, con 5.07 toneladas por hectárea. El temporal produce 2.42 millones de toneladas sobre 901 mil hectáreas, con 2.69 toneladas por hectárea. Así, el riego obtiene un rendimiento aproximadamente 89% superior, aunque participa con sólo 40.5% del volumen nacional.

    Entre 2023 y 2025 la producción de riego cae 23.8%, principalmente porque su superficie sembrada se reduce 22.8%; su rendimiento, en cambio, apenas disminuye 1.9%. En temporal el volumen baja menos, 8.9%, pero la superficie sembrada sólo retrocede 2.8% y el rendimiento cae 8.7%. Esto sugiere dos dinámicas diferentes: en riego el ajuste proviene sobre todo de una menor escala, mientras en temporal el deterioro productivo se relaciona mucho más con la productividad por hectárea.

    La combinación más eficiente es Primavera-Verano bajo riego. Su rendimiento sube de 7.59 toneladas por hectárea en 2023 a 7.84 en 2025. Otoño-Invierno en temporal se mantiene en el extremo opuesto, con 2.41 toneladas por hectárea en 2025. La distancia entre ambos esquemas supera tres veces el rendimiento, una diferencia que delimita con claridad dónde se concentra la mayor capacidad productiva por unidad de superficie.

    Superficie sembrada y superficie cosechada

    La superficie sembrada nacional se reduce en alrededor de 123 mil hectáreas entre 2023 y 2025, al pasar de 1.36 a 1.24 millones. La cosechada baja en cerca de 95 mil hectáreas, de 1.32 a 1.23 millones. Sin embargo, la superficie no cosechada disminuye con fuerza: pasa de aproximadamente 40 mil hectáreas en 2023 a 16.6 mil en 2024 y 11.5 mil en 2025. Por ello, la relación cosechada-sembrada mejora de 97.1% a 99.1%.

    El comportamiento revela una paradoja importante. El país logra convertir una proporción cada vez mayor de la superficie sembrada en superficie cosechada, pero esto no evita la contracción de la producción porque el área total dedicada al cultivo disminuye y, simultáneamente, el rendimiento promedio retrocede. En 2025 el temporal representa 73.6% de la superficie sembrada y 59.5% de la producción, mientras el riego ocupa 26.4% del área y aporta 40.5% del volumen. La diferencia ilustra el distinto aprovechamiento productivo del suelo.

    Rendimiento y productividad por hectárea

    Guanajuato es la referencia productiva entre los estados de gran escala. Su rendimiento pasa de 6.12 toneladas por hectárea en 2023 a 6.60 en 2025, aun cuando reduce superficie y producción. Jalisco alcanza 5.79 toneladas por hectárea en 2025 y Nayarit 5.16; Michoacán registra 4.85 y Morelos 4.99. Tamaulipas, pese a su enorme liderazgo en volumen, baja de 2.80 a 2.47 toneladas por hectárea, por debajo del promedio nacional.

    Esta brecha tiene implicaciones decisivas. En 2025 Guanajuato genera 20.6% del sorgo nacional con apenas 10.3% de la superficie cosechada, mientras Tamaulipas aporta 47.0% del volumen utilizando 63.1% de las hectáreas cosechadas. El contraste no disminuye la importancia de Tamaulipas; al contrario, muestra que cualquier mejora marginal en su productividad tendría un impacto nacional relevante por la magnitud de su superficie.

    También existen señales de deterioro severo en regiones antes altamente productivas. Sinaloa reduce su rendimiento de 5.50 a 3.28 toneladas por hectárea entre 2023 y 2025, al mismo tiempo que su superficie cosechada cae más de la mitad. San Luis Potosí aumenta producción respecto de 2023, pero su rendimiento desciende de 2.52 a 1.68 toneladas por hectárea debido a una expansión considerable de la superficie en 2025. Por ello, crecimiento de volumen y ganancia de competitividad no necesariamente son equivalentes.

    Precios y valor de la producción

    El ajuste económico es más profundo que el productivo. El precio promedio implícito nacional pasa de aproximadamente 5,408 pesos por tonelada en 2023 a 4,250 en 2024 y 4,082 en 2025. La mayor corrección ocurre en 2024, con una caída de 21.4%; en 2025 el descenso adicional es de 4.0%. Al combinarse con la reducción de toneladas, el valor de la producción baja 26.1% en 2024 y otro 13.7% en 2025.

    En todo el periodo, el valor nacional disminuye 36.3%, de 26.04 a 16.60 mil millones de pesos. Tamaulipas conserva el mayor valor absoluto por su escala, con 6.72 mil millones de pesos en 2025, seguido por Guanajuato con 3.88 mil millones y Michoacán con 1.33 mil millones. Sin embargo, los precios muestran diferencias significativas. Entre estados con volúmenes relevantes, Chihuahua alcanza alrededor de 5,549 pesos por tonelada en 2025, mientras Tamaulipas se ubica cerca de 3,514. El tamaño productivo, por tanto, no implica necesariamente el mayor precio unitario.

    La capital nacional del sorgo

    Si se toma como referencia el liderazgo municipal acumulado entre 2023 y 2025, San Fernando, Tamaulipas, puede considerarse la capital nacional del sorgo. En los tres años produce aproximadamente 1.38 millones de toneladas, equivalentes a 10.3% del volumen nacional del periodo. Lidera en 2023 con 572 mil toneladas, cede la primera posición a Matamoros en 2024 y vuelve al primer lugar en 2025 con 435 mil toneladas.

    El corredor tamaulipeco es todavía más contundente cuando se observan los municipios siguientes. Matamoros acumula 1.14 millones de toneladas y Río Bravo 1.08 millones; Valle Hermoso y Reynosa superan cada uno medio millón. Los cinco municipios concentran por sí solos más de 35% de toda la producción mexicana de sorgo de los tres años. Esta concentración municipal confirma que el liderazgo de Tamaulipas no se encuentra disperso, sino que descansa en un núcleo territorial muy definido.

    San Fernando, sin embargo, también refleja las tensiones del sector. Su rendimiento agregado del periodo ronda 2.22 toneladas por hectárea, muy por debajo de municipios guanajuatenses como Salamanca, Irapuato, Pénjamo o Abasolo, que operan con rendimientos mucho mayores. La capital por volumen no es la capital por productividad, y esa diferencia resume uno de los principales retos competitivos del sorgo nacional.

    Tendencias y desafíos del sector

    El balance 2023-2025 muestra un sector más pequeño en volumen, superficie y valor, con una productividad nacional que también pierde terreno. La contracción se concentra especialmente en Tamaulipas y Sinaloa, mientras Jalisco y Puebla representan excepciones positivas en el balance de producción. El ciclo Otoño-Invierno pierde peso frente a Primavera-Verano, y el riego reduce su escala aunque mantiene una productividad muy superior al temporal. Al mismo tiempo, la mejora en la proporción de superficie cosechada indica que el desafío principal no está en convertir siembras en cosechas, sino en sostener área productiva y elevar toneladas por hectárea.

    Las oportunidades de negocio que se desprenden de este comportamiento se ubican donde existe mayor brecha entre escala y rendimiento. Tamaulipas es el caso más evidente: su enorme superficie significa que mejoras relativamente pequeñas de productividad tendrían efectos importantes sobre el volumen nacional. También existe espacio para estrategias orientadas a recuperar productividad en Sinaloa y a consolidar regiones que han mostrado resiliencia, como Guanajuato, Jalisco, Nayarit y Puebla. La prioridad competitiva no es simplemente sembrar más; los datos sugieren que el mayor potencial está en producir mejor sobre la superficie disponible.

    De cara al siguiente ciclo, el punto de vigilancia central será si la reducción de rendimiento observada en 2025 se revierte o se convierte en una tendencia persistente. La recuperación del sorgo mexicano requeriría, en términos estrictamente productivos, detener simultáneamente la pérdida de superficie y la caída de productividad. Mientras eso no ocurra, la fuerte concentración geográfica seguirá amplificando los movimientos de los principales estados. México llega al cierre de 2025 con un sector todavía robusto por escala territorial, pero claramente presionado por menor producción, menor rendimiento y una disminución mucho más profunda del valor económico generado.

    Fuente de la información

    Cierres Agrícolas de la DGSIAP para 2023, 2024 y 2025